Andar con las penas colgando del cuello
Colgar la cuerda en el perchero
Besar su foto al llegar a la alcoba
Desplomarse en la cama y caer en coma
Le he visto caminar y llegar a un millón de lugares iguales
Sigo cambiando de lugar los muebles por si te apiadas de mis deseos vanales
Dibujo sÃmbolos de injusticia en el dorso de las puertas
Jamás los verá, se ha quedado afuera
De este lado la compañÃa tiende a ser agradable
PodÃa reÃr entre los barrotes de antes
Se han polarizado y los recuerdos son errantes
La vida está separada y los roces no aceptan repeticiones
El futuro está nublado y se conoce el cambio de estaciones
Las tardes entre sus mantas justifican la bandera blanca
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| Ilustración: Chiara Bautista |
El proceso no se ha cerrado
Ando en búsqueda de sesgos
Abro los ojos en la mañana
esperando la partida del silencio
Y los parpados pesados buscan cerrarse sin sueño
En el exterior hay que actuar
Te montas la máscara,
desde la mesa de la estancia
Se practica la escena
Las redes sociales llenan las penas
La respiración autónoma se va haciendo más ligera
Sencillamente las rumiaciones no cesan
Y releo las dulces
amargas
sencillas
palabras
Tambaleando en la misma mesa
Gotas frÃas de cristal sobre el alma dulce cubierta de negra vestimenta, protegiéndose del frÃo y la humedad, deseando estar mejor protegida, deseando no necesitar protección.
Alma infantil abatida y dejada de lado sin malicia. Han pasado demasiados instantes, ha sido manchada y se ha manchado, mas ella sólo ha dejado huellas sutiles. Se mantiene dulce y esta gris mañana se enfrÃan sus huesos débiles hasta dejarla aturdida, se cubre torpemente con sus ropajos para no derretirse y quedarse oscura.
Desde dentro se observa, alma tÃmida, convenciéndose de no estar tan desabrida, convenciéndose de no parecer tan perdida. Se siente pequeña mirando a otras levitar hacia su destino, a la intemperie, en completa tranquilidad y se remueve incómoda, temerosa del agua y del frÃo.
Guardando sus pertenencias, que parecen demasiadas mientras se pregunta si son muy pocas. El vehÃculo avanza y el viento y la llovizna le rozan, se cubre con negro, se cubre temblando más de miedo que de frÃo. Odiandose por su tonterÃa, amando la lluvia que le lastima.
LLuvia va y viene, nunca retoza en este rincón cálido del universo, donde permanece azul el cielo más que teñido con cumulonimbus. Y le agrada, al alma curiosa, porque la lluvia es misteriosa y le sube la melancolÃa perpetua en ella.
Perpetua, siempre llorando conmovida, siempre sollozando en pena, con los sentimientos a flor de piel. Sintiendo con cada milÃmetro de su existencia... Muchas veces aturdida escondiéndose en su manta negra, otras veces irradiando sin cubrirse y sin vergüenza.
No veo las huellas que dejan mis pasos
Caminando sobre la arena en medio de la ventisca
Y el horizonte distorsionado
Apresurando el paso sin avanzar
El camino difuminado por el humo de las detonaciones
Y a mi alrededor los cuerpos de quienes alzaron sus voces
Con sus nombres tatuados en los muros y en millones de magullados corazones
Todo se va transformando pero solo veo repeticiones
Un bucle de mis propias adicciones emocionales dentro del propio ciclo de la historia
Un contexto en el que mis vivencias poco importan porque hay niños que ya no corren por aquellas tiernas razones
Y veo el fuego que los alcanza, que se los traga y los esconde
Y no alzo mi voz, ni corro hacia ninguna dirección
Pero mi corazón también se desborda con la tinta de sus nombres.
Ha surgido de entre las ramas del tiempo otro encuentro.
El ritmo del mundo se ha modificado para que sepa que he sido excepcionalmente afortunada durante 2 años. Quizás ya hayan pasado millones de suspiros, miles de mariposas doradas en mi estómago y alguna que otra silenciosa ilusión de un para siempre. Silenciosa para que el codicioso universo no sepa que sin él la vida ya no tendrÃa versos. He amado y he sido amada durante ya tanto tiempo que jurarÃa que la luna me mira con recelo. El tiempo, que aunque parezca mucho a ese ritmo frenético es solo un latido... o dos. Más de sesenta millones de segundos, que quizás ni esperaba ni merecÃa, es tiempo humano que ha transcurrido desde que una soleada mañana de inicios de diciembre un chico con néctar en los labios y seda en las palmas de sus manos tomó un gran aliento y atrajo con su encanto. Me enraizó en sus palabras y puso a correr a mi oxidado corazón, me tomó entre sus brazos y me acunó en su pecho, me tejió un nido entre sus sentimientos, me enseñó a volar, me mostró sus más grandes anhelos, me dio lápiz y papel para escribir una historia, para proyectar mis más descabellados sueños.
Aquel ser alto y fuerte que con capa y espada combatió las sombras que me atormentaban, con cabellos negros, sonrisa encantadora y tÃmida esencia que tomó mis miedos y los lanzó fuera. Que alejó las voces que me atormentaban, que despejó el cielo y me secó las alas. Tomamos vuelo, se me erizó el cuerpo al sentir la suave brisa y al fin sentà calma. Protegida y amada me pregunté por qué elegir algo como yo, por qué elegir trabajar tanto, detuvo el rumbo y me miró extrañado, susurró mil razones acariciando mis manos y esas palabras que nunca comprendà me las guardé muy dentro.
Y continuamos, un millón de minutos volando juntos, memorizando su silueta, impregnándome de su aroma. Y hoy observo al horizonte y sé, que aún hay miles de kilómetros por recorrer.
En un lugar demasiado soleado y caluroso, reina el ser más frÃo y oscuro.
Es una marioneta grotesca con hilos duros.
Se burla de todos los peones, mata a los otros y sacrifica a los suyos.
Todos muriendo de hambre y odio, con sus ropas mugrientas y sus sueños rotos.
Unos vendados de ojos, otros atados de brazos, los desliza por el tablero sin importarle reparos.
Está cada vez más gordo, pero de sacrificar peones se va quedando solo.
Tiembla, tiembla ¿llegará a darse cuenta que el juego terminará perdiendo?
Sacca y saca las riquezas, el reino está sufriendo.