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Partículas de mar

En el momento en que dejé mi preciado Atlantis, rompiendo la burbuja de seguridad más asfixiante, también se rompieron varias fibras esenciales del equilibrio que me permite un básico sustento.

Y se me erizó el cuerpo, sentí un malestar que se concentraba en mi pecho. Signos de solo unos kilos de carne y huesos que cada día me recordaban que existían sentimientos. Y que en mí, se iban transformando en partículas de mar que me resbalaban en la cara.

Vibré tiempo después, en el descubrimiento de manantiales que me surcaban las piernas y en dicha alternancia del sentir desconecté mi no sano juicio, a pesar de todas las advertencias y carteles rojos del camino. Me desnudé ante el frenesí de la libertad y ya no tuve que pensar más en los si hubiera.

Los sueños se encontraban llenos de telarañas y escenas repetitivas de horror y vergüenza, pero en la nueva disposición de sucesos la niebla cubría mis sueños y despertaba de un largo estupor con la sensación de haber conseguido un poco de descanso, siempre el mejor consuelo.

Y seguí siendo la niña que destilaba en sus ojos partículas de mar provenientes de las profundidades de Atlantis, porque simplemente son las raíces que conservo. Pero por primera vez obtuve el cosquilleo agradable del viento y en un aliento me sentí lista para jugar contra el tiempo.

Corre.



No veo las huellas que dejan mis pasos


Caminando sobre la arena en medio de la ventisca


Y el horizonte distorsionado


Apresurando el paso sin avanzar


El camino difuminado por el humo de las detonaciones


Y a mi alrededor los cuerpos de quienes alzaron sus voces


Con sus nombres tatuados en los muros y en millones de magullados corazones


Todo se va transformando pero solo veo repeticiones


Un bucle de mis propias adicciones emocionales dentro del propio ciclo de la historia


Un contexto en el que mis vivencias poco importan porque hay niños que ya no corren por aquellas tiernas razones


Y veo el fuego que los alcanza, que se los traga y los esconde


Y no alzo mi voz, ni corro hacia ninguna dirección


Pero mi corazón también se desborda con la tinta de sus nombres.

La razón.

En casa, frente al computador con sensación térmica de treinta y siete grados música suave y tono de voces fuertes, de nuevo. Cada día desde que puedo recordar mis abuelos han discutido sobre política, son los polos opuestos de una molécula dipolar... mi resignación a no entrometerme me deja un sabor agrio en la boca, mi hermano pronto aprenderá que no tiene sentido intentarlo. Me entristece. Un matrimonio no debería tratarse de eso... ha matado todo rastro de sana convivencia. 
No me interesa quién tiene la razón, me gustaría que pare.

En la escuela, pasando el rato con amigos y simples compañeros, están manteniendo una conversación que se me hace demasiado familiar esto es mejor que aquello, esto es cierto, esto está estereotipado, esto es conspiración de quién sabe quien, esto es mentira, esto lo viví, estas mal... Este país, el otro, la gente, el dinero, los bienes, la vida, la ignorancia... Para qué hablan de esto, "yo también preferiría irme, es obvio" no digo nada. Dejó caer mi cabeza en algún hombro de confianza y espero a que dejen su diálogo sin sentido, trillado, absurdo... No saben mucho más que yo. 
No me interesa quién tiene la razón, me gustaría que pare.

En la cocina mi abuela me habla de todo lo que podía comprar con una moneda en los 40's, mi abuelo se aprovecha de su sordera y mi madre luce estresada. Siempre estresada... Yo veo más humanidad en Animal planet y bestias con traje en las noticias. En la televisión algún periodista habla de manifestaciones y muertes, y ataques, y una economía con estadísticas lamentables, y un presidente que no me cae bien demasiado gordo para la falta de comida que hay, y guardias atacando personas, y gente lanzándose pestes unos a otros. Y me pregunto si el mundo estaba así antes de mi nacimiento y seguirá siendo así después de que yo muera. Supongo que sé mucho más de literatura que de política, supongo que todo tiene respuestas sencillas, pero la verdad es que es más sencillo ingnorarlas.
Muertos, heridos, sufridos, desnutridos, desabastecidos... 
No me interesa quién tiene la razón, por favor que pare.

Camino rápido por el fuerte y matador sol de la tarde, estoy sola. Aunque no sea un largo trayecto de donde me ha dejado el transporte público a mi casa camino con la cabeza a gacha los 20 metros que me faltan. "Unos pasos más y estaré en casa" eso es lo que me digo, hoy no hay ningún delincuente juvenil que me acose parte del trayecto, hay algunas personas de paso y me permito respirar. Llego a un quiosco, bodega, tienda o como le digan, queda a un par de casas, considero que ya puedo deducir que llegare con todas mis pertenencias y mi integridad física a casa. Antes de tocar el timbre, que no podía alcanzar hace unos ocho años atrás, observo detenidamente las vitrinas. Hago una mueca, y la nostalgia de repisas llenas de comida chatarra, chucherias, dulces, juguetes y útiles escolares me apuñala el estómago. ¿Por qué? Observo los precios de las pocas bolsas de golosinas, miro el dinero en mi mano. ¿Qué ha cambiado en tan poco tiempo? ¿Alguien hizo algo mal? No lo sé, no sé nada. Y lo sé, pero estoy cansada de saberlo porque eso no soluciona nada, entre más sé todo parece menos lógico. Sé de lo que todos hablan pero yo simplemente no sé comprendo lo más obvio. 
¿Quién tiene la razón? Me gustaría que esto cambie.


Pequeño y oscuro.


No tengo idea de cuánto tiempo ha pasado, dejé ir el pánico, me di por vencido de intentar liberarme, sentí como pasaba el tiempo cada vez más lento, aunque puede que no hayan pasado ni un par de días. las velas amenazan con extinguir la luz... Estoy sangrando, no quiero morir realmente, y me sorprendo a mi mismo estando jodidamente aterrorizado, aunque muchas veces lo desee. 
Recuerdo cuando Jean y yo éramos niños, los apagones eran comunes como siempre lo han sido en esta maldita comunidad, entonces nos divertíamos de la forma que fuera, y realmente lográbamos pasarla bien. ¿Cuándo comenzó a rechazarme? Siento que lo supe, pero algo en este lugar se está tragando mis recuerdos, siento que algo se alimenta de mi, me desfragmenta.
Me escuecen los dedos y los nudillos, la ira causó esto. Golpear los muros no solucionaría nada... Pero hay momentos en donde pierdes la cordura aunque esta ahora sólo parezca un mito.
Me siento inútil. Siempre me consideré alguien con inteligencia superior, pero ahora eso no me sirve de nada. Estoy atrapado, como el pez que acaba de picar en anzuelo, como el zorro que cae en la trampa. 
Ya casi no recuerdo como llegué hasta aquí. Todo parece irreal. Sé que estoy expuesto a esas malditas bestias pero me siento aún más expuesto a mi, una parte muy retorcida de mí... 
No creo que exista un lugar más aterrador que este. El lugar donde tu monstruo sale a convivir con todos los otros, para planear una conspiración en tu contra.
Pienso en mamá, siento que la decepcioné por no haber previsto esto, pero como saberlo, como dejar de ser un incrédulo. 
Va a matarme, mamá... Todo lo que alguna vez soñé se vendrá conmigo a un agujero. ¿Estaré entonces contigo o todo es una maldita farsa? Es extraño vivir a base de engaños, pero así es como vivimos y siempre lo negamos. Escucho un reloj, quiero callarlo, juega con mi mente porque siento que aquí las horas no pasan. Escucho gritos, cada uno en su maldito infierno, no puedo ayudarlos, no puedo ayudarme. Cierro los ojos, pero sigo viendo el mismo cuarto medio iluminado y sucio, la misma sangre corriendo por los muros de piedra, el mismo cadáver en el rincón; no puedo evitar pensar que cuando haya un segundo cadáver será el mío. 
El panorama cambia ¿qué está pasando? 
Sobre la sangre de las paredes comienzan a resbalar serpientes, todas miran hacia un solo punto: yo. A mitad del cuarto aparece una figura, cada vez puedo verla mejor... Un vestido rasgado... Es una mujer, no, es una chica. 
—¿Emma? 
No reconocí mi propia voz, parece que no la usara desde hace demasiado tiempo y así es como se siente.
Nunca la vi tan hermosa, pero está demasiado delgada... Su cabello cae sobre su rostro pero aún puedo ver sus ojos, pero hay algo diferente, tiene una mirada desolada, casi sin... alma. Observa el suelo y sus pies... Y ahora sólo a mi, sentí un escalofrío, sus labios se movieron pero no pronunció sonido alguno, se detuvo y lo hizo de nuevo. Un susurro desesperado y tembloroso hizo un eco ascendente en la habitación. Pero aún es su voz.
—Ayúdame Alex. 
Y entonces ocurrió, todas las serpientes bajaron por los muros, una cantidad inimaginable, escuché mi propio grito unido al grito agonizante de ella, las serpientes se arrastraron subiendo desde sus pies descalzos hasta cubrir todo su cuerpo, y finalmente encajando sus colmillos en su piel, todas a la vez. Gritó de nuevo, sentí cada mordida como propia, sentí el veneno correr por mis venas, sentí como mis pulmones se negaban a proporcionarme aire y sin embargo no parecía sufrir una décima de lo que sufría ella. Me arrastré, intenté llegar a donde estaba. Pero se desplomó, y tal como apareció se esfumó. Y sólo quedó de prueba el dolor, un dolor más fuerte del que hubiera sentido antes, pero no hablaba del veneno, no hablaba de las mordidas que sentí como propias. Mi dolor era ella, y no creo que nadie nunca sintiera algo como esto. Lloré un charco de sangre, y no dudé que mis motivos para vivir habían desaparecido junto con ella.