En la sección de horror.

6:22 p. m. Aramis 0 Comments

Lo conocí en la sección de horror, él dijo que estaba buscando respuestas. Lo que no sabía era que yo buscaba la verdad.
Yo era la chica de las revelaciones, como hobbie me gustaba leer las historias mas escalofriantes y sádicas de las mentes mas retorcidas. Entonces un día lo encontré, ahí en la biblioteca en la sección de horror, en esa en la que las personas solo pasaban por casualidad pero él era una casualidad predestinada. Él venía con ese propósito que le estaba perforando la mente, y me costó actuar con naturalidad ante tal determinación, porque era algo que se le salía por los poros. Entonces como cualquier otro miércoles en la tarde seguí ojeando el libro, el silencio era tal que casi podías escuchar como pasaba el tiempo, como la sangre corría por mis venas, incluso como le temblaba la mandíbula. Me había reconocido.
Entonces ya no podía seguir sonriéndole al vacío, en ese momento supe que si no actuaba de prisa todo se vendría abajo. Metí la mano en mi bolso y tomé con determinación el labial rojo, sin hacer contacto visual me lo apliqué con calma, sentí incluso como le palpitaba el ojo izquierdo. Tomó el libro, y se equivocó, había funcionado logré hacerlo dudar... el libro correcto seguía estando dos lugares a la derecha. Lo tomó y se lo guardó dentro de su chaqueta color negro. Entonces controlando su impulso por mirarme imagino que con gran suficiencia... dio media vuelta y se marchó por el lado opuesto del pasillo. Me solté la coleta del cabello y absorbí una bocanada de aire. Pude volver al fin a mi lectura, de nuevo a la calma de los espectros entre las páginas, esperé dos minutos y cincuenta segundos y entonces conté hasta tres.
Aún no pronunciaba el tres en mi mente cuando lo vi llegar teniendo un pequeño ataque de asma por la carrera que tuvo que dar desde el estacionamiento. Me miró con odio, eso era ridículamente infantil, y también con miedo.
—¿Quién eres?
Sonreí.
—¿Qué eres?
—De nuevo yo.
Sentí gran satisfacción al escuchar nuevamente mi voz luego de tanto tiempo.
Entonces cerré el libro, y lo coloqué a un lado en el piso. Elegantemente me puse de pie e hice una reverencia. Pero acepto que fue tontamente innecesario porque él ya había caído.




[Texto recuperado. Este escrito nació el 30 de junio de 2014]

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