Pequeño y oscuro.
No tengo idea de cuánto tiempo ha pasado, dejé ir el pánico, me di por vencido de intentar liberarme, sentí como pasaba el tiempo cada vez más lento, aunque puede que no hayan pasado ni un par de días. las velas amenazan con extinguir la luz... Estoy sangrando, no quiero morir realmente, y me sorprendo a mi mismo estando jodidamente aterrorizado, aunque muchas veces lo desee.
Recuerdo cuando Jean y yo éramos niños, los apagones eran comunes como siempre lo han sido en esta maldita comunidad, entonces nos divertíamos de la forma que fuera, y realmente lográbamos pasarla bien. ¿Cuándo comenzó a rechazarme? Siento que lo supe, pero algo en este lugar se está tragando mis recuerdos, siento que algo se alimenta de mi, me desfragmenta.
Me escuecen los dedos y los nudillos, la ira causó esto. Golpear los muros no solucionaría nada... Pero hay momentos en donde pierdes la cordura aunque esta ahora sólo parezca un mito.
Me siento inútil. Siempre me consideré alguien con inteligencia superior, pero ahora eso no me sirve de nada. Estoy atrapado, como el pez que acaba de picar en anzuelo, como el zorro que cae en la trampa.
Ya casi no recuerdo como llegué hasta aquí. Todo parece irreal. Sé que estoy expuesto a esas malditas bestias pero me siento aún más expuesto a mi, una parte muy retorcida de mí...
No creo que exista un lugar más aterrador que este. El lugar donde tu monstruo sale a convivir con todos los otros, para planear una conspiración en tu contra.
Pienso en mamá, siento que la decepcioné por no haber previsto esto, pero como saberlo, como dejar de ser un incrédulo.
Va a matarme, mamá... Todo lo que alguna vez soñé se vendrá conmigo a un agujero. ¿Estaré entonces contigo o todo es una maldita farsa? Es extraño vivir a base de engaños, pero así es como vivimos y siempre lo negamos. Escucho un reloj, quiero callarlo, juega con mi mente porque siento que aquí las horas no pasan. Escucho gritos, cada uno en su maldito infierno, no puedo ayudarlos, no puedo ayudarme. Cierro los ojos, pero sigo viendo el mismo cuarto medio iluminado y sucio, la misma sangre corriendo por los muros de piedra, el mismo cadáver en el rincón; no puedo evitar pensar que cuando haya un segundo cadáver será el mío.
El panorama cambia ¿qué está pasando?
Sobre la sangre de las paredes comienzan a resbalar serpientes, todas miran hacia un solo punto: yo. A mitad del cuarto aparece una figura, cada vez puedo verla mejor... Un vestido rasgado... Es una mujer, no, es una chica.
—¿Emma?
No reconocí mi propia voz, parece que no la usara desde hace demasiado tiempo y así es como se siente.
Nunca la vi tan hermosa, pero está demasiado delgada... Su cabello cae sobre su rostro pero aún puedo ver sus ojos, pero hay algo diferente, tiene una mirada desolada, casi sin... alma. Observa el suelo y sus pies... Y ahora sólo a mi, sentí un escalofrío, sus labios se movieron pero no pronunció sonido alguno, se detuvo y lo hizo de nuevo. Un susurro desesperado y tembloroso hizo un eco ascendente en la habitación. Pero aún es su voz.
—Ayúdame Alex.
Y entonces ocurrió, todas las serpientes bajaron por los muros, una cantidad inimaginable, escuché mi propio grito unido al grito agonizante de ella, las serpientes se arrastraron subiendo desde sus pies descalzos hasta cubrir todo su cuerpo, y finalmente encajando sus colmillos en su piel, todas a la vez. Gritó de nuevo, sentí cada mordida como propia, sentí el veneno correr por mis venas, sentí como mis pulmones se negaban a proporcionarme aire y sin embargo no parecía sufrir una décima de lo que sufría ella. Me arrastré, intenté llegar a donde estaba. Pero se desplomó, y tal como apareció se esfumó. Y sólo quedó de prueba el dolor, un dolor más fuerte del que hubiera sentido antes, pero no hablaba del veneno, no hablaba de las mordidas que sentí como propias. Mi dolor era ella, y no creo que nadie nunca sintiera algo como esto. Lloré un charco de sangre, y no dudé que mis motivos para vivir habían desaparecido junto con ella.



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