¿Por qué tuviste una hija? Reclama mi corazón viejo y arrugado.
Por qué no descongelas el tuyo primero antes de que te obligase a construir muros.
No te entiendo, corazones de plástico llenan la casa, el nido, el espacio
y cada dÃa los voy tirando a la basura
porque ya sé
que no era eso lo que necesitaba.
Sola, los quemé y me armo una hoguera para pasar los eternos veranos aún más asfixiada
porque ya sé
que nada cesa el frÃo de un corazón de hielo que se quedó estancado en el tiempo.
y nada revive un corazón marchito olvidado y triste.
Nos persigue la tormenta
en formaciones oscuras y densas,
es enorme e imponente
se mueve y arrastra emociones intensas.
La ilusión de ser más veloces es perenne
del mismo modo el temor
vernos envueltos en su furia de gotas frÃas
de vientos rebeldes y relámpagos feroces
yacemos todo bajo su veredicto
renacemos en su seno
retrocedemos sin abrigo.
Balsa inestable
carga vital
desequilibrio en las olas
ilusión frágil
apoyo en la proa
Soliloquio de popa
NavÃo de tantos viajes
huellas en la cubierta
cicatrices en la cabina
mareo de alta mar
Pasiones del pacÃfico
no mares del Caribe
Aguas templadas
miedo al naufragio
nadie le ha enseñado
a nadar.
Me crecen ramas enredadas,
se extienden dentro y fuera
de mi piel melaza.
En el interior chocan con los muros empujando lo vital,
lo sacan de su función
desastre abismal.
En el exterior, esconderlas es complicado
me pongo taciturna cuando han descubierto
mis hojas cayendo por todos lados
y me cubro, con tontas transparencias
porque desaparecer no es parte real de nuestra esencia.
Solo un ser social
somatizando a su medio contaminado,
con uno que otro nido sobre su cabeza,
claramente deshabitados.
Necesito una extracción de frutos podridos,
para que de pronto florezcan de mil colores parecidos,
ideas certeras y mundos ficticios.
Los he visto mil veces en sueños sin saber definirlos
viviendo en ellos durante ocho horas
e ignorándolos en vigilia
reconociendo que me detestan porque en el dÃa no los revivo
bajo la tinta.
Fuerte señor
amo de las palabras
tejedor de versos
atiéndeme,
apaga tu incienso
cierro la puerta
entro en tu universo
Padre que jamás ha (pro)creado
préstame tu musa
recita a la luna
canta una nana
sacame la duda
tú, que creas de la nada
ata las palabras en mi balcón
mortal con dotes envidiados
no tomes mi mano
te ofrezco dulce infusión de estrellas
y finalmente confiesas
que siempre tuve la respuesta.
Las liebres cantan en primavera,
sus versos enamoran a las abejas.
Lejos de sus originarias tierras
han saltado fuera de la opresión de sus cuevas,
donde los niños las buscan para jugar después de la escuela
y los cazadores acechan para convertirles en la cena.
Las liebres viajaron por mar y por tierra
pintando girasoles en tanques de guerra,
al descuido de una torpe, de dos patas izquierdas,
cae y diez de ellas la levantan a cuestas.
Se alimentan con migas de aventura y sonrisas verdaderas
y duermen bajo el reflejo de la luna sin esconderse de las fieras.
Las liebres recorren el mundo,
no se sienten perdidas por dejar las cuevas,
no ansÃan regresar a la seguridad de una de ellas.
Porque han encontrado su paz en el cielo
y no habrán de añorar restricciones eternas,
ni a aquellos seres que les acechan y las encierran
para una vida sedentaria y no un instante de alegrÃa en los senderos de la tierra.
El arte me ha acunado,
tarareando nanas en mi oÃdo,
deja drenar lo que sobra y colorea cromático el vacÃo.
En última instancia llueve sobre el caballete y se mojan los lienzos,
rugen los truenos sobre el techo y en mis dedos,
me marea el olor a madera mojada.
Trazo lÃneas desesperadas,
escribo palabras en llamas y me desplomo en la cama...
exhausta, de liberar cargas pesadas
le tarareo al arte sus nanas para que resista y no se vaya.
En el conocimiento de que me acompaña,
he logrado atravesar las aguas oscuras de la desesperanza,
en el viaje la transformo en luces o aveces en llamas de luz blanca,
limpio las penas de sus crustáceos naranja
y me las llevo en frascos para guardarlas en casa.
Saco los recuerdos de sus cajones y de debajo de los resquebrajados sillones,
les pongo óleo en forma de caras
y los preparo a la batalla
en su tablero desdibujado les enseño las reglas
lanzo el dado,
se van peleando por ser usados y gritan versos desordenados,
otros descansan y arman equipos para alentar a los más osados.
El arte se ha enojado conmigo,
no siempre llega al necesitarlo,
tiene recelo por olvidarle cuando las notas son bien de gracia.
Cuando las aves no están dormidas y desde el suelo crece la grama,
acudo a otros bienes mundanos,
huelo las flores y sorbo agua.
Arte se escapa en la sequÃa y me deja seca sin sus baladas,
me mira de lejos en la rutina y miro a otra parte avergonzada.
Pero en las noches, le abro la puerta y en mi regazo él me acompaña,
me cuenta historias mientras reposo,
en ocasiones toco su arpa.
Nunca hago percusión en suelo tibio,
siempre me habla con la misma tonada
o me pide mi distimia para jugar a las damas.
Me llama historia, por ser narrada.
Andar con las penas colgando del cuello
Colgar la cuerda en el perchero
Besar su foto al llegar a la alcoba
Desplomarse en la cama y caer en coma
Le he visto caminar y llegar a un millón de lugares iguales
Sigo cambiando de lugar los muebles por si te apiadas de mis deseos vanales
Dibujo sÃmbolos de injusticia en el dorso de las puertas
Jamás los verá, se ha quedado afuera
De este lado la compañÃa tiende a ser agradable
PodÃa reÃr entre los barrotes de antes
Se han polarizado y los recuerdos son errantes
La vida está separada y los roces no aceptan repeticiones
El futuro está nublado y se conoce el cambio de estaciones
Las tardes entre sus mantas justifican la bandera blanca
 |
| Ilustración: Chiara Bautista |
El proceso no se ha cerrado
Ando en búsqueda de sesgos
Abro los ojos en la mañana
esperando la partida del silencio
Y los parpados pesados buscan cerrarse sin sueño
En el exterior hay que actuar
Te montas la máscara,
desde la mesa de la estancia
Se practica la escena
Las redes sociales llenan las penas
La respiración autónoma se va haciendo más ligera
Sencillamente las rumiaciones no cesan
Y releo las dulces
amargas
sencillas
palabras
Tambaleando en la misma mesa