23 feb
En mi psique un torbellino, un huracán en mi corazón.
Los sentimientos cansados, persiguiendo a una razón
Razón emotiva, amorosa, afectiva, anhelante y fija
Lastimada, abollada y ahogada en errores y tristes perdones suplicados de noche.
Tras el enojo y el argumento, las razones y las temblorosas palabras, cambió el rumbo de lo ocurrido y se acerca la piel, ruedan la confusión y palpitan las palmas.
Llego a casa, movida y arrollada con las penas acumuladas en sonrosados párpados pesados y caigo en la consciencia de soledad, de motivo, de consecuencia, realidad y causa.
Debiste ceder a la calidez de sus brazos, a la seguridad de su abrigo, al placer de su dominio. Sola y sin las fuertes sensaciones, sin el contraste de la desesperanza y la manÃa que en el clÃmax llega a la calma e ignora a la vida.
Debiste, soltar las lágrimas en silencio, sentirte complacida, finalmente querida, sutilmente entendida, suavemente arrullada, ahora no hay quien detenga el llanto de tu alma.
Pero en el espejo me observo y castigo mi gran falta, por culparme, por cegarme, no es la maldita solución ignorar la larga lucha por el oasis de calma, calma del deseo inmediato, del apego Ãntimo y la quÃmica de las sábanas. No te culpes, no te agredas, si sollozaste lo sentiste, percibiste, reaccionaste y si te rendiste, si soltaste era el dolor en tus manos... Y si necesitas tiempo regálatelo.
Pero mi ansiedad me hace perderme, mi tristeza, mi angustia... No sé manejarlas.







