El crepúsculo llenó mis pulmones de paz
y en tu regazo tibio nos confesamos ilusiones y me besaste los suspiros.
Dessin crayon noir - femme dessin - dessin femme et fleurs au feutre noir
Instantes como esos ansío perdurar en mi presente
y confieso que la paciencia se me convierte en ansiedades al separarme de tu abrigo.

Tantas noches oscuras conté, sin conocer en lo más mínimo la cuenta regresiva
y en las más sofocantes se me llenaron las mejillas de naufragio,
me alimenté de los rastros de tus labios.

Estudié en vela la razón de mi sosiego
y encontré monstruos mitológicos fuera del confort,
sin salir y sin idea del camino esperé nuevamente a la final oscuridad de los párpados.

Dejando las noches en vela de páginas impares
y esperando la puesta del sol.




Ideas enredadas

Me crecen ramas enredadas,
se extienden dentro y fuera
de mi piel melaza.
En el interior chocan con los muros empujando lo vital,
lo sacan de su función
desastre abismal.
En el exterior, esconderlas es complicado
me pongo taciturna cuando han descubierto
mis hojas cayendo por todos lados
y me cubro, con tontas transparencias
porque desaparecer no es parte real de nuestra esencia.


Solo un ser social
somatizando a su medio contaminado,
con uno que otro nido sobre su cabeza,
claramente deshabitados.


Necesito una extracción de frutos podridos,
para que de pronto florezcan de mil colores parecidos,
ideas certeras y mundos ficticios.
Los he visto mil veces en sueños sin saber definirlos
viviendo en ellos durante ocho horas
e ignorándolos en vigilia
reconociendo que me detestan porque en el día no los revivo
bajo la tinta.

Búsqueda de sueños extraviados

He extraviado una caja de sueños
en el manantial de la desesperanza,
quizás la olvidé
navegando hacia la Atlantida
solo porque el frío me arrugó los pies
o la tiré intentando zafarme de sanguijuelas aladas.
La caja apareció vacía
por el mundo mis sueños andan,
es probable que reposen en nenúfares de Zelanda.
Algunos se quedaron cerca
he escuchado sus voces blancas
casi nunca los encaro
los he perdido y no me darán la cara.
Resbalé,
caí
Y levanté lo que quedaba,
He seguido sin ganas
olfateando la hierba verde
Pero no encontré sus pisadas.

Tejedor de versos

Fuerte señor
amo de las palabras
tejedor de versos
atiéndeme,
apaga tu incienso
cierro la puerta
entro en tu universo
Padre que jamás ha (pro)creado
préstame tu musa
recita a la luna
canta una nana
sacame la duda
tú, que creas de la nada
ata las palabras en mi balcón
mortal con dotes envidiados
no tomes mi mano
te ofrezco dulce infusión de estrellas
y finalmente confiesas
que siempre tuve la respuesta.


Patas inmigrantes

Las liebres cantan en primavera,
sus versos enamoran a las abejas.
Lejos de sus originarias tierras
han saltado fuera de la opresión de sus cuevas,
donde los niños las buscan para jugar después de la escuela
y los cazadores acechan para convertirles en la cena.

Las liebres viajaron por mar y por tierra
pintando girasoles en tanques de guerra,
al descuido de una torpe, de dos patas izquierdas,
cae y diez de ellas la levantan a cuestas.
Se alimentan con migas de aventura y sonrisas verdaderas
y duermen bajo el reflejo de la luna sin esconderse de las fieras.

Las liebres recorren el mundo,
no se sienten perdidas por dejar las cuevas,
no ansían regresar a la seguridad de una de ellas.
Porque han encontrado su paz en el cielo
y no habrán de añorar restricciones eternas,
ni a aquellos seres que les acechan y las encierran
para una vida sedentaria y no un instante de alegría en los senderos de la tierra.

Sonámbulo artista

El arte me ha acunado,
tarareando nanas en mi oído,
deja drenar lo que sobra y colorea cromático el vacío.

En última instancia llueve sobre el caballete y se mojan los lienzos,
rugen los truenos sobre el techo y en mis dedos,
me marea el olor a madera mojada.

Trazo líneas desesperadas,
escribo palabras en llamas y me desplomo en la cama...
exhausta, de liberar cargas pesadas
le tarareo al arte sus nanas para que resista y no se vaya.

En el conocimiento de que me acompaña,
he logrado atravesar las aguas oscuras de la desesperanza,
en el viaje la transformo en luces o aveces en llamas de luz blanca,
limpio las penas de sus crustáceos naranja
y me las llevo en frascos para guardarlas en casa.

Saco los recuerdos de sus cajones y de debajo de los resquebrajados sillones,
les pongo óleo en forma de caras
y los preparo a la batalla
en su tablero desdibujado les enseño las reglas
lanzo el dado,
se van peleando por ser usados y gritan versos desordenados,
otros descansan y arman equipos para alentar a los más osados.

El arte se ha enojado conmigo,
no siempre llega al necesitarlo,
tiene recelo por olvidarle cuando las notas son bien de gracia.

Cuando las aves no están dormidas y desde el suelo crece la grama,
acudo a otros bienes mundanos,
huelo las flores y sorbo agua.

Arte se escapa en la sequía y me deja seca sin sus baladas,
me mira de lejos en la rutina y miro a otra parte avergonzada.
Pero en las noches, le abro la puerta y en mi regazo él me acompaña,
me cuenta historias mientras reposo,
en ocasiones toco su arpa.

Nunca hago percusión en suelo tibio,
siempre me habla con la misma tonada
o me pide mi distimia para jugar a las damas.
Me llama historia, por ser narrada.

Errante

Andar con las penas colgando del cuello
Colgar la cuerda en el perchero
Besar su foto al llegar a la alcoba
Desplomarse en la cama y caer en coma
Le he visto caminar y llegar a un millón de lugares iguales
Sigo cambiando de lugar los muebles por si te apiadas de mis deseos vanales
Dibujo símbolos de injusticia en el dorso de las puertas
Jamás los verá, se ha quedado afuera
De este lado la compañía tiende a ser agradable
Podía reír entre los barrotes de antes
Se han polarizado y los recuerdos son errantes
La vida está separada                           y los roces no aceptan repeticiones
El futuro está nublado y se conoce el cambio de estaciones
Las tardes entre sus mantas justifican la bandera blanca

Dibujos por Chiara Bautista - Taringa!
Ilustración: Chiara Bautista
El proceso no se ha cerrado
Ando en búsqueda de sesgos
Abro los ojos en la mañana
esperando la partida del silencio
Y los parpados pesados buscan cerrarse sin sueño
En el exterior hay que actuar
Te montas la máscara,
 desde la mesa de la estancia
Se practica la escena
Las redes sociales llenan las penas

La respiración autónoma se va haciendo más ligera
Sencillamente las rumiaciones no cesan
Y releo las dulces
amargas       
sencillas             
palabras   
Tambaleando en la misma mesa

Nuestro el universo

Encontré una ilusión que me arrulla,
surcaba un cuadrante del cielo.
Me hizo volver en mis pasos,
sacar los reprimidos anhelos.
Tu rostro absorbía lágrimas saladas
y mi desierto se cubrió de primavera.
Me quedé para poner bálsamo a tus heridas
y besar tu corazón palpitante entre una triste apología,
solo di media vuelta porque no me había ido
y te miré a los ojos con la sutil certeza
de que aún era nuestro el universo.

Quiero retozar en tu pecho como en tantas vidas lo hice,
rodeada de tu olor, robándolo de tu piel
y tomándolo en explosión sensorial de mi olfato.
Te he tenido.

Hemos.
Tan cerca y nunca tan lejos.
Refugio en mi preconsciente el mapa exacto de tu cuerpo,
las zonas más suaves,
la firmeza de tu hombría
y la calidez de tu pecho.

Renové nuestro pasaje en tren a tierras holandesas
y te preparé una infusión de dulce esperanza con pétalos de gardenias,
elegí una pequeña casa a una manzana del malecón paradisíaco,
para caminar descalzos hasta sentir la arena caliente en cada paso.

No te dejes arrastrar por la noche melancólica,
sé que despierta tus dudas y susurras maldiciones a la luna.
La luna ofendida te devuelve improperios,
alterando la marea produce angustia en mi cuello,
el mismo que ha estado tantas veces
entre tus palmas
soltando exhalaciones que jamás pudieron ser controladas.
Entre tus palmas mi cuello, mi corazón, mi anhelo.
Cada uno tocado con la exacta precisión de mi deseo impreciso,
unas veces fuerte y otras
sublime.

Siempre en la pureza de un sentimiento.


Sala de espera del hospital psiquiátrico

Bitácora de una pichón de psicólogo
5 de abril de 2018

Sala de espera del hospital psiquiátrico 

Paredes sucias y transeúntes expectantes, barrigas hinchadas, rostros huesudos, figuras de autoridad con manerismos incoherentes e imágenes enmarcadas de bestias destructoras llenas de poder y codicia, que están en otro entorno, que no se preocupan por estas almas en desdicha pero rigen sus vidas. 
Ventanas sucias de vidrios rotos, que en algún momento habrían de permitir ver la luz del día. Rejas blancas, azules y negras ubicadas en los pasillos y umbrales, en las ventanas y en la gran puerta. ¿Restringiendo? ¿protegiendo? Aislando, encerrando. 
Chirridos de un cachivache con ruedas que traslada no lo suficiente, es comida o eso parece y aquellos que lo ven pasar sienten envidia pero quienes la recibirán no habrán de cesar su hambre. 

Pabellón de hombres

En cuencos astillados, todos iguales, color terracota o en manos sucias de uñas descuidadas les sirven muy poco para sus entrañas, a hombres jóvenes y ancianos, pacientes mentales sin salud ni adecuadas condiciones sanitarias, con sonrisas en la penuria y arrugas en sus caras. Musitan verdades y gritan delirios, se sostienen sus ropas demasiado grandes y Jonh Edison escribe en sus manos palabras, ideas importantes que se le irían escapando. Y un anciano, perdido en el tiempo, retoza en el resplandor de la mañana junto a un baño que pulula un olor putrefacto.

12 de abril de 2018

Edificio de emergencias del hospital psiquiátrico

A pasos lentos con las manos en la espalda, muñecas atadas con un trozo de tela curtido, encabeza una pequeña procesión por el estrecho pasillo un hombre de mediana edad y pocos kilos. En los laterales, pequeñas salas con una reja y camas, rejas separando escritorios viejos y papeles entintados de personas con batas blancas y sueños arrugados. Mano se asoman por las ventanas, buscando sentir la brisa en sus palmas, se escuchan cantos de alabanzas a un Dios que no se apiada provenientes de una mujer con la muñeca derecha atada a la cama, otra baila, otro camina en círculos pidiendo salir de esos seis metros cuadrados de exilio. 

No abras tu puerta



No abras tu puerta, hago daño. Algo dentro de mí anhela conocer las profundidades de tu mente y las escenas más importantes que diseñaron tu armadura. Pero aléjate, es un deseo maligno. Soy un ser peligroso descendiente de una evolución cruel y muy pocas veces piadosa. Soy de la misma raza de quienes me extirparon la confianza y la bondad. Soy uno de los humanos, de millones de ellos, aquellas sabandijas que roban almas y parten corazones.
No te culpo, protégete y esconde la llave porque mi pecho fue desvalijado tantas veces que ya no queda ni el polvo de lo que alguna vez fui.
Y aunque añore tocar tu alma desnuda no lo permitas porque peligras a que mis manos estén sucias como las de mis semejantes que van talando sueños y escupiendo logros ajenos. Que me arrancaron la vitalidad y me hundieron... y que a la vez no hicieron nada, nada más que cruzar por mi camino y mi mente distorsionada hizo el resto. Pero la ayudaron, y no sé odiarles, ni sentir ira. Solo siento esos calambres en el cuerpo manifiesto de los sismos que no abandonan mis recuerdos.
Por favor, no me abraces aunque ruegue y me congele, ten cuidado de arriesgarte a ser el siguiente.
No te fíes, aunque me vea indefensa, todos lucen muy bien y tienen sonrisas tiernas, dan cálidos momentos y te enlazan y te sueltan.


Julio, 2017.


Chiara Bautista 5
Illustration: Chiara Bautista