Hemos perdido el mar

Hemos perdido el mar, solo nos queda el camino de tierra, se nos fueron las costas soleadas y la tormenta en nuestra mente contrasta con la sequía del suelo bajo nuestros pies descalzos.

Hemos perdido el horizonte y y no recuerdo el sonido de las olas que acompasaba mi corazón feroz y mi caminar despacio.  No he encontrado la paz del agua acariciándome los pies, pero tus manos de seda me bajaron la fiebre del estrés.

Hemos jurado caminar en la dirección de las ramas más sabias, siendo como los cactus que no necesitan del agua y guardan un poquito en su núcleo para seguir coloreando nuestras mañanas. Te confesé que llevo a cuestas todos los dolores de espalda que llevaba a la orilla para que las suaves olas me masajearan sin prisa y tu me comentaste una noche que prefieres que no aparezca porque tienes piel de polo norte pero te da pena que lleve estas cargas a cuesta.

Hemos perdido el mar, el océano, el pacífico. Una tarde lo encontramos entre las nubes de un jueves sin disturbio, te toqué los dedos y la risa, para que me confesaras que la oscuridad era bonita y el rosa haciéndose azul oscuro te daba paz.

En ese ambiente de paz, de una tierra hostil e insegura te miré a los ojos y exhalé convencida. Ya no extraño el mar, pero lo vamos a seguir buscando.



Más o menos mil veces temí que (te) fueras como el mar.
A veces se me pierde el norte en la tempestad.
Se me nubla la calma,
se me pierde el timón,
se desaparecen las instrucciones que he creado.
Hay un fantasma que me cuenta la vida en gris,
mientras intento imaginarle los colores
y se los pinto con acuarelas
pagando en lágrimas cada vez que se me secan
mojo los pinceles y cada círculo de su composición.
Mis colores son reales,
a veces opacos
porque no me alcanza para la conversión.
Lloro en gris y cuando he terminado te lo pinto
porque intento nunca quedarme oscura.





























He dejado que me dirija un monigote sin brújula.
No sabe conducir,
porque el miedo no le permite elegir.
de esa manera muchas veces me empuja tan rápido que no dejo de rodar y de correr para ser lanzada de vuelta atrás
Me ha enredado en telarañas incómodas y en ocasiones tiemblo por su incesante ruido
Y yo detesto ese ruido
y la quiero tanto, que siempre he intentado entender
por qué su forma de monigote
por qué no usa la brújula
dónde la ha dejado
no sé si era la única que tenía, no sé si acaso la tenga yo
y cuando me vaya se quede perdida
al final no me necesita y ambas lo queremos creer.

Partículas de mar

En el momento en que dejé mi preciado Atlantis, rompiendo la burbuja de seguridad más asfixiante, también se rompieron varias fibras esenciales del equilibrio que me permite un básico sustento.

Y se me erizó el cuerpo, sentí un malestar que se concentraba en mi pecho. Signos de solo unos kilos de carne y huesos que cada día me recordaban que existían sentimientos. Y que en mí, se iban transformando en partículas de mar que me resbalaban en la cara.

Vibré tiempo después, en el descubrimiento de manantiales que me surcaban las piernas y en dicha alternancia del sentir desconecté mi no sano juicio, a pesar de todas las advertencias y carteles rojos del camino. Me desnudé ante el frenesí de la libertad y ya no tuve que pensar más en los si hubiera.

Los sueños se encontraban llenos de telarañas y escenas repetitivas de horror y vergüenza, pero en la nueva disposición de sucesos la niebla cubría mis sueños y despertaba de un largo estupor con la sensación de haber conseguido un poco de descanso, siempre el mejor consuelo.

Y seguí siendo la niña que destilaba en sus ojos partículas de mar provenientes de las profundidades de Atlantis, porque simplemente son las raíces que conservo. Pero por primera vez obtuve el cosquilleo agradable del viento y en un aliento me sentí lista para jugar contra el tiempo.
Yacía en una isla
rodeada por un mar de desastre
y aislada de toda realidad,
fantasía de arrebol
antes de que todo oscurezca.
Se aferró a tantos amaneceres
que se le quedaron marcadas las estrellas
y por un tiempo repitió la misma melodía
que hizo suya,
realmente nadie lo sabría...
Le avergonzaba,
se trataba de tonos melifluos
de palabras como inmensidad y universo
y de miradas "idas"
que "traían" algo que podía comparar a esperanza.

Ya todo su desastre no lo revolvía
ni lo revisaba,
ni buscaba partes innecesarias.
A veces se proponía hacer algo al respecto
Tras la luna se planteó partir
y se le acabaron todas las cartas,
así sin tener qué jugar
como siempre ¿qué apostaría?
Yacía inmarcesible
esperaba un plan.

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Precipitación

Nos persigue la tormenta

en formaciones oscuras y densas,

es enorme e imponente

se mueve y arrastra emociones intensas.

La ilusión de ser más veloces es perenne

del mismo modo el temor

vernos envueltos en su furia de gotas frías

de vientos rebeldes y relámpagos feroces

yacemos todo bajo su veredicto

renacemos en su seno

retrocedemos sin abrigo.

Pierre Le-Tan yellow. Me encanta la trama.                                                                                                                                                     Más

Musa

Musa.

Apareciste al alba,
me observaste callada desde la ventana
con tu mirada curiosa
te vi al volver a la vida
pero huiste cuando arribaron voces

Agobiante rutina,
destino ruin,
amor prohibido
cuanto temes, musa
a los gritos de caminantes sedentarios

Y solo me brindas placer nocturno
cuando en el silencio
de noches benignas
hacemos el arte de amarnos.

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Buscar luz

Necesito cositas lindas: plantas honorables, música conmovedora o metáforas fósiles llenas de vida, que me inspiren soñar y que impulsen a esos sueños a convertirse en luz, colores y todo aquello que decidan ser. Que les aporten personalidad, valores y amor propio, que los rieguen y los abonen con residuos de café.
Estoy en una búsqueda de bocadillos dulces para las palabras escurridizas, para colocarlos bajo una trampilla en medio del bosque, a orillas de la playa, debajo de la cama y en cualquier sombra de un árbol a la que me dirija; por favor palabritas sean adoptadas, no voy a cortar sus alas porque respeto la libertad que me ha arrancado la conserva cultural y me he olvidado del arte de domesticarlas, aunque antes parecía una tarea sencilla .
A través de un espejo, una pantalla y el dorso de libros envejecidos voy rescatando lo espontáneo, lo curioso y lo efímero; me escondo de los que piensan en un margen cuadrado y aburrido mientras te pinchan con sus púas por no elaborar un camino, por no andar más deprisa, por no tejer en su mismo hilo y me van destruyendo el muro que ellos mismos han pedido y que en las noches, cerca del amanecer intento rehacer para proteger la ilusión intermitente, que ya nunca presumo por haber sido manchada con manos sucias de rutina y de conformismo, así que no arriesgo su frasquito por ser transparente y frágil, pero contiene luciernagas y mariposas en un terrario infinito.
En él sueño construir mi morada, alimentarme de su brillo, llenarme de vida en la pureza de su exilio, siendo ecosistema y al a vez universo tan mío y afuera estoy perdida con huellas que han sido limpiadas del camino y dentro tan expuesta a que sea encontrado y destruido. Por eso lucho por hacerlo fuerte, por buscar la respuesta a tanto calor y todo tan frío, escondiéndome de formas hirientes que se transmiten por el aire en ondas de grito y en mi corazón el cuartel se prepara para defenderse de invitados radiactivos.

Imágenes

Alta mar

Balsa inestable
carga vital
desequilibrio en las olas
ilusión frágil
apoyo en la proa
Soliloquio de popa

Navío de tantos viajes
huellas en la cubierta
cicatrices en la cabina
mareo de alta mar
Pasiones del pacífico
no mares del Caribe

Aguas templadas
miedo al naufragio
nadie le ha enseñado 
a nadar.
The Wise Man - Picture Book on Behance

Querido profesor

Querido profesor que una vez me dijo que no podía confrontar porque tenía muchos conflictos, no te culpo por haber causado en mi tal reacción, ni por las lágrimas que derramé esa tarde al sentirme tan poco apta para mi vocación. Después de poner el esmero académico por no fallar me vi terriblemente acabada por tal presentación, por tan estar tan desentendida, por no saber llevar mis conocimientos a la acción.
Le tomé miedo al enfoque terapéutico, a la técnica, a mi misma, a mi poca estabilidad y a mis lágrimas. Y me convencí entre las mantas, en la oscuridad de la habitación y del miedo de que no podría enfrentar este reto en mi situación actual, porque si él vio todos mis conflictos aflorar en un "qué difícil confrontar" cuántos problemas no podría yo cargar sobre mis adoloridos hombros. Y los repasé, los enumeré, me lamenté lo mejor que supe y de eso yo ya sabía bien.
Al poco tiempo corrí a decirle a una psicoterapeuta que tenía estos conflictos y qué iba a hacer yo, tan incapaz, frente a un paciente en un mísero mes, con mi psique tan afectada. Dejé por completo la analista con quien no logré establecer una alianza y me aventuré a un nuevo comienzo. Fue la mejor decisión.

Y querido profesor, han pasado varios meses, más de 6, e incluso es un nuevo año y hoy con los mismos conflictos, en acompañamiento psicológico poco constante por mi situación económica y con una mejor preparación de la que tú me permitiste, me siento triunfar en una batalla personal, pero también en una riña con el enfoque, con la técnica y la marca que dejaste ese día en esas palabras.  Quizás esperabas de mí aquello que la menor porción de la población de octavo semestre de psicología te pudo dar, pero yo esperaba de ti mucho más aprendizaje, material bibliográfico confiable, demostraciones prácticas; Fueron responsabilidades que me diste y lo respeté, sin embargo posteriormente un profesor me pudo aportar teoría y práctica guiada que me permitió conocer de qué se trataba eso que más allá de las letras no lograba apreciar.

Querido profesor, como pasante del noveno semestre he estado asustada en muchas ocasiones, me reclamé por no ser la pasante preparada que desee ser y en este mes me reconcilié con mi propio desempeño y comencé a creer en los conocimientos que he cultivado, también recuperé aquellos que en su momento se me escaparon y caí y me levanté cada semana. Hace unos días, abstraída de miedo pero llena de conocimiento lo logré. Y además de aliviar a mi paciente sentí un gran brío yo misma, porque sí puedo, porque sí soy apta, porque sí seré una profesional capacitada y sí tengo conflictos, tú también, ahora te creo. Lo decías en serio, he deseado que no lo hubieras dicho jamás. Pero ahora puedo ver mi progreso... personal, profesional, académico, social, me he permitido crear vínculos, me he permitido crear.

Y la terapia es un proceso creativo.

Gracias por la experiencia, espero que puedas mejorar como facilitador, tanto como yo pueda mejorar como profesional y que ambos seamos cada vez más asertivos.
Me encantan las personas con voz.
Las almas que se hacen escuchar y sus ideas llegan sin preguntar a todos aquellos que en su camino se encuentren. Adoro esa facilidad para decir, para responder y para contradecir; admiro las voces más jóvenes que nacieron claramente con ímpetu de viajar, de atravesar los oídos y las conexiones nerviosas sin esperar que se les sea permitido.
Admiro a la niña, al señor, a la simple encarnación de vida que se levanta por sí misma y ante cualquier prospecto de injuria aparece y se apaña en ser oída. Sobretodo me refiero a las voces de la adversidad, a las que han intentado censurar, que florecieron sin ser cuidadas, que en lugar de promover su libertad fueron coartadas y que a pesar de eso están y aquellos que poseemos un criterio limpio las respaldamos, cuando los más valientes son los primeros en hablar.