Hemos perdido el mar
Hemos perdido el mar, solo nos queda el camino de tierra, se nos fueron las costas soleadas y la tormenta en nuestra mente contrasta con la sequÃa del suelo bajo nuestros pies descalzos.Hemos perdido el horizonte y y no recuerdo el sonido de las olas que acompasaba mi corazón feroz y mi caminar despacio. No he encontrado la paz del agua acariciándome los pies, pero tus manos de seda me bajaron la fiebre del estrés.
Hemos jurado caminar en la dirección de las ramas más sabias, siendo como los cactus que no necesitan del agua y guardan un poquito en su núcleo para seguir coloreando nuestras mañanas. Te confesé que llevo a cuestas todos los dolores de espalda que llevaba a la orilla para que las suaves olas me masajearan sin prisa y tu me comentaste una noche que prefieres que no aparezca porque tienes piel de polo norte pero te da pena que lleve estas cargas a cuesta.
Hemos perdido el mar, el océano, el pacÃfico. Una tarde lo encontramos entre las nubes de un jueves sin disturbio, te toqué los dedos y la risa, para que me confesaras que la oscuridad era bonita y el rosa haciéndose azul oscuro te daba paz.
En ese ambiente de paz, de una tierra hostil e insegura te miré a los ojos y exhalé convencida. Ya no extraño el mar, pero lo vamos a seguir buscando.
Más o menos mil veces temà que (te) fueras como el mar.






