La llegada de la oscuridad.

7:11 a. m. Aramis 0 Comments

Había una vez una historia que nadie nunca supo. En esta no había mas que una sombra perdida, que nunca encontró su camino de regreso. Esta sombra iba por ahí, entrando en cada ser que encontraba y revolviendo todo dentro de él para ver si encajaba. Pero pasaron muchos años, que se sentían como siglos y la sombra no encontraba su hogar. Aunque esta sombra había aprendido a absorber ciertas cosas de los individuos por donde pasaba.
Un día, después de lo que pareció demasiado tiempo la sombra entró en un ser cálido, y se sintió muy a gusto así que lo desordenó todo muy lentamente, fingió buscar a fondo y se dio su tiempo porque de verdad le gustaba como se sentía. E incluso esta vez, pasó algo diferente y excitante: El individuo le había hablado. La primera vez fue una noche calurosa, húmeda y agobiante, y su voz sonó desesperada y rota, tal como estaban las cosas en el interior, habló temerosa de encontrar respuesta y aterrada de no recibirla. Y le preguntó: por qué.
-¿Por qué me estás destruyendo? -Le preguntó entre sollozos.
Y entonces la sombra se quedó muda. Porque nunca nadie le había hablado jamás, no importa cuánto los revolviera por dentro, nunca nadie lo hizo. Y entonces recordó su pasado, y como un día fue feliz en su hogar, en lo mas cálido y oscuro de su, ausente por tanto tiempo, individuo. Ella sólo quería sentirse así de nuevo, sólo soñaba con reconocer el entorno que la hizo tan feliz. Y lo recordaba tan cálido como había encontrado al interior de la chica en la que ahora se encontraba. Porque el frío también quema, y ella era como un iceberg en medio de lava caliente. Simplemente quemaba.
Dudó horas, quizá días o meses si contestar. No sabía siquiera si podía responder porque nunca había hablado con nadie. Entonces en una madrugada de recapitulación de errores la chica intentó morir. La sombra estaba asustada porque no quería que destruyeran su actual guarida, y entonces tuvo que evitarlo de alguna forma, y revolver mas las cosas no funcionaría de la forma que quería. Entonces hizo lo primero que se le ocurrió. Retó a la chica, y le dijo que ni siquiera podría acabar con su propia vida sin fallar. Y la chica gritó, lloró y golpeó las paredes. Intentó sacarla, intentó extraer a la sombra, y dejarla sólo como un indefenso charco rojo.
Y finalmente consiguió calma. Porque ya no sabía que más hacer, pero sabía que no le daría el gusto de acabar con todo. Desde ese día la sombra se acostumbró a hablarle a la chica, y encontró diversión en juzgarla y ver como se arremolinaba todo dentro, como se unían frío y calor, como caían pesados muros de concreto. Y la chica siguió en ocasiones con sus fallidos intentos de sacarla fuera.
La sombra encontró un nuevo hogar.

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