La llegada de la oscuridad.
HabÃa una vez una historia que nadie nunca supo. En esta no habÃa mas que una sombra perdida, que nunca encontró su camino de regreso. Esta sombra iba por ahÃ, entrando en cada ser que encontraba y revolviendo todo dentro de él para ver si encajaba. Pero pasaron muchos años, que se sentÃan como siglos y la sombra no encontraba su hogar. Aunque esta sombra habÃa aprendido a absorber ciertas cosas de los individuos por donde pasaba.Un dÃa, después de lo que pareció demasiado tiempo la sombra entró en un ser cálido, y se sintió muy a gusto asà que lo desordenó todo muy lentamente, fingió buscar a fondo y se dio su tiempo porque de verdad le gustaba como se sentÃa. E incluso esta vez, pasó algo diferente y excitante: El individuo le habÃa hablado. La primera vez fue una noche calurosa, húmeda y agobiante, y su voz sonó desesperada y rota, tal como estaban las cosas en el interior, habló temerosa de encontrar respuesta y aterrada de no recibirla. Y le preguntó: por qué.
-¿Por qué me estás destruyendo? -Le preguntó entre sollozos.
Y entonces la sombra se quedó muda. Porque nunca nadie le habÃa hablado jamás, no importa cuánto los revolviera por dentro, nunca nadie lo hizo. Y entonces recordó su pasado, y como un dÃa fue feliz en su hogar, en lo mas cálido y oscuro de su, ausente por tanto tiempo, individuo. Ella sólo querÃa sentirse asà de nuevo, sólo soñaba con reconocer el entorno que la hizo tan feliz. Y lo recordaba tan cálido como habÃa encontrado al interior de la chica en la que ahora se encontraba. Porque el frÃo también quema, y ella era como un iceberg en medio de lava caliente. Simplemente quemaba.
Dudó horas, quizá dÃas o meses si contestar. No sabÃa siquiera si podÃa responder porque nunca habÃa hablado con nadie. Entonces en una madrugada de recapitulación de errores la chica intentó morir. La sombra estaba asustada porque no querÃa que destruyeran su actual guarida, y entonces tuvo que evitarlo de alguna forma, y revolver mas las cosas no funcionarÃa de la forma que querÃa. Entonces hizo lo primero que se le ocurrió. Retó a la chica, y le dijo que ni siquiera podrÃa acabar con su propia vida sin fallar. Y la chica gritó, lloró y golpeó las paredes. Intentó sacarla, intentó extraer a la sombra, y dejarla sólo como un indefenso charco rojo.
Y finalmente consiguió calma. Porque ya no sabÃa que más hacer, pero sabÃa que no le darÃa el gusto de acabar con todo. Desde ese dÃa la sombra se acostumbró a hablarle a la chica, y encontró diversión en juzgarla y ver como se arremolinaba todo dentro, como se unÃan frÃo y calor, como caÃan pesados muros de concreto. Y la chica siguió en ocasiones con sus fallidos intentos de sacarla fuera.
La sombra encontró un nuevo hogar.



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