Incrustado.
Desplazada.
De esa forma me sentÃ, esa tarde al leer sus cartas.
Hablaban de mÃ, pero principalmente hablaban de ellos,
de sus deseos más profundos, de sus guardados anhelos flotando en conexiones sinapticas.
De sus primitivas sensaciones y del olor de aquellos recuerdos.
Apresurados momentos improvisados de los que fui parte y ya está,
pero de los que hasta hoy no me arrepiento.
Siento mis ansias de gritar salir por mis poros y perderse en la frÃa noche,
palabras que disfracé de dudas, pero que eran deseos de atención,
de ser seducida en peticiones, de ser arrastrada al juego y olvidar el margen impuesto.
Buscando el consuelo de no estar en sus cartas, de encontrarme en un aprieto jerárquico,
de que uno me pusiera de igual y otro de menos, de no sentirme flotar en sus palabras como lo hicieron en las mÃas a su debido tiempo.
Y aunque mi mente se inundó de circunstancias, drené los temores insignificantes en un pañuelo.
No quise perder la oportunidad de levitar en dulces sensaciones.
No pude dejar de desear volver a sus anhelos.


0 comentarios: