10:35 a. m. Aramis 0 Comments

Me encantan las personas con voz.
Las almas que se hacen escuchar y sus ideas llegan sin preguntar a todos aquellos que en su camino se encuentren. Adoro esa facilidad para decir, para responder y para contradecir; admiro las voces más jóvenes que nacieron claramente con ímpetu de viajar, de atravesar los oídos y las conexiones nerviosas sin esperar que se les sea permitido.
Admiro a la niña, al señor, a la simple encarnación de vida que se levanta por sí misma y ante cualquier prospecto de injuria aparece y se apaña en ser oída. Sobretodo me refiero a las voces de la adversidad, a las que han intentado censurar, que florecieron sin ser cuidadas, que en lugar de promover su libertad fueron coartadas y que a pesar de eso están y aquellos que poseemos un criterio limpio las respaldamos, cuando los más valientes son los primeros en hablar.

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