Un roce.
Fue cosa del momento.
Pero todo daba vueltas. Lo veo al recordar.
HabÃa algo en el aire que se ligaba con mis nervios cada vez que se asomaban, pero estaba demasiado mareada con la sencillez del suceso.
Un suave movimiento, una mente en blanco, el rumor de la culpa apareciendo y el proceso por repetirse. El momento de ignorar lo sucedido, lo gracioso de dejarlo pasar cuando aún tiemblan las rodillas, las palabras convertidas en movimientos. La parálisis cerebral ante sus palabras, y ya luego muy tarde para contestar. Más culpa, culpa sin arrepentimiento. Y el momento en el que lo recuerdas. Y al comprender que quieres más.
Las personas están hechas de momentos, y me expandà varias veces después de aquellos. CrecÃ, pero nadie lo ha notado. Nadie excepto él, porque tenemos el secreto de nuestro roce, del momentáneo roce de nuestros labios y el rumor perdido de un sentimiento. Los besos fueron hechos para el amor, he leÃdo, pero a nosotros nos faltaron mil razones, nos sobraron muchas más y nos distribuimos las superficiales. No fue amor, pero llegó al nivel de apasionado. Fue subirse a la montaña rusa sólo para sentir la adrenalina del momento. Y quedar con ganas de sentirlo de nuevo. El que inventó los besos era ignorante y sabio. Los que escriben de ello son como yo.



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