En silencio.

En silencio.
En silencio ruego una soledad menos desgarradora.
En silencio anhelo la cercanía de la persona que no debería amar.
En silencio siento la crueldad y la ignorancia que rodea la humanidad.
En silencio me atraganto con la condensación de las quejas en mi cuello.
En silencio ruego que no me falte de lo que hoy vivo.
En silencio sangro toda la indiferencia que tienes hacia lo que siento.
En silencio huyo del juicio final por todas las maravillas que logré errando.
En silencio memorizo las ultimas palabras que daré y que explicarán el porqué de mi partida.
En silencio juego a que no sé que lo que hago está por matarme. 
En silencio sufro todo lo que sufriré y lo que ya he sufrido.
En silencio digiero el estrés de la jaqueca que me producen tus gritos.
En silencio observo el mundo circundante y efímero.
En silencio espero la caída del yugo presente en mi espíritu. 


Una liebre por corazón

Hay una liebre haciendo escándalo dentro de mi pecho, hay una hiperactiva liebre dando saltos muy adentro. Es una liebre demente y fascinante, está loca de remate y salta sin control en tu nombre. Es una liebre equivocada, ignorante a todos mis problemas, lo está desordenando todo... va a causar conflictos escandalosos. Leyendo tus palabras amenaza con salirse por mi boca, me sonrojo sin disimularlo con este grosera y repentina reacción tan primitiva . Estoy confundida y avergonzada, por los sentimientos encontrados, por la liebre que con tus besos comienza a ronronear como gato... Oh, pequeña liebre que va a causarme mil líos, como osas quererle de tal forma, sin atender a razones.
No es lo correcto pero hace un mortal hacia atrás con cada mensaje tuyo... y yo me vuelvo loca de mil formas, y la frustración se apodera de mis sentidos... porque no puedo oponerme a la liebre de mi corazón... que ivernó durante tanto tiempo, y ahora con renovadas energías se agita deseando sentir el calor de tu pecho, harta del frío que la arropó en el invierno casi eterno.

Oh liebre desquiciada, he de pagar un alto precio por tu ocurrencia de ser amada.

30 Días.

He iniciado ultimo año, he ignorado lo ignorable, he atendido lo importante, he logrado notas considerablemente buenas, he dejado de intentar domar mi cabello, he fumado, he tenido momentos geniales, he escapado sin ser descubierta, me he metido en problemas sin consecuencia, me he arrepentido sin arrepentirme, he sentido culpa pasajera, he reducido mis amistades a un círculo perfecto y nunca antes imaginado, he aguantado los gritos, he escuchado propuestas graciosas e interesantes, he besado a quien menos esperaba y he quedado deseando más, he dejado en paz mis muñecas, mis muñecas no me han dejado en paz a mi, me he sentido diferente, me he sentido igual que siempre, he reído a carcajadas, he llorado en silencio, he estado muerta de cansancio, he estado llena de energía, he estado sola rodeada de personas, he sentido la cálida compañía de la soledad.
 He estado esperando las consecuencias de mis acciones, he estado esperando y he dejado de esperar... He soñado con la luz, he tenido miedo de dejar la oscuridad. Mis sueños han sido destrozados y otros elevados... He tenido miedo a la soledad y a enamorarme. He escrito miles de palabras y me he quedado muda.



Un roce.


Fue cosa del momento.
Pero todo daba vueltas. Lo veo al recordar.
Había algo en el aire que se ligaba con mis nervios cada vez que se asomaban, pero estaba demasiado mareada con la sencillez del suceso.
Un suave movimiento, una mente en blanco, el rumor de la culpa apareciendo y el proceso por repetirse. El momento de ignorar lo sucedido, lo gracioso de dejarlo pasar cuando aún tiemblan las rodillas, las palabras convertidas en movimientos. La parálisis cerebral ante sus palabras, y ya luego muy tarde para contestar. Más culpa, culpa sin arrepentimiento. Y el momento en el que lo recuerdas. Y al comprender que quieres más.
Las personas están hechas de momentos, y me expandí varias veces después de aquellos. Crecí, pero nadie lo ha notado. Nadie excepto él, porque tenemos el secreto de nuestro roce, del momentáneo roce de nuestros labios y el rumor perdido de un sentimiento. Los besos fueron hechos para el amor, he leído, pero a nosotros nos faltaron mil razones, nos sobraron muchas más y nos distribuimos las superficiales. No fue amor, pero llegó al nivel de apasionado. Fue subirse a la montaña rusa sólo para sentir la adrenalina del momento. Y quedar con ganas de sentirlo de nuevo. El que inventó los besos era ignorante y sabio. Los que escriben de ello son como yo.

Ilusiones que duelen...



Las ilusiones son crueles, se meten sin piedad en tu cabeza, se expanden. Me pregunto si las creo yo misma o se escurren dentro al mínimo descuido, si son como plagas o son imaginarias, si las puedo sentir o son fríos fantasmas. Si las conservo siento que algo me llena, cuando se desintegran aparece un cierto vacío, una tristeza solitaria. Las odio y las extraño, porque eran falsas, porque estaban formadas por una bonita mentira que me llenaba, porque me acompañaban, porque ya no siempre estaba sola. Yo contaba con la compañía de ilusiones descaradas, hipócritas cariñosas, cálidas... frágiles. Al primer soplido del fuerte viento echaron a volar, cuando la realidad sopló y sopló.
Cuando las ilusiones volaron lejos quedé sola y angustiada. Desmoralizada y rota, casi sin una identidad. Una sombra gris se metió por mi ombligo y se acomodó en mi pecho, el dolor no fue leve cuando se acurrucó contra mis costillas, su cola se hizo un nudo apretado en mi garganta, y ahí se quedó dormitando al ritmo de mis temblorosos latidos. Fue una solitaria compañía que no dejaba lugar pero aún así no me llenaba, que me congeló los sentimientos adormecidos, que pesaba toneladas. Sólo un rumor de las ilusiones rondaba mi mente, dejando los rincones en mi cabeza blandos y húmedos. Me pregunto si todas las verdades son así de problemáticas.

Canción del adiós.


La música se apodera de mis sentidos y el ritmo se acopla a mi corazón bombeante, a el tamborileo de mis lágrimas en la tapa dura del libro en mi regazo. Con cada melodía van quedando atrás las notas que conforman mi vida, y todo aquello que conocí se vuelve un sordo silencio.
La autopista gris y húmeda es nuestro abollado pentagrama, amenaza con acabar en cualquier momento, condenándonos al vacío, amenazando convertirse en un abismo donde caer a la nada. 
Sospecho que esta pausa entre cada latido acabará por matarme. Se hace tan largo que de momentos me parece permanente, en cualquier momento cederá.
Tengo el corazón cansado y la esperanza congelada. La melodía es triste y lenta como tu espíritu. Tus ojos bien puestos en el pentagrama amenazan con cerrarse, están hinchados por las lágrimas que te guardas. ¿Eres lo único que conservo? Todas las palabras se atoran en mi garganta enredándose por completo en un apretado nudo. No hay que perturbar la música, me dicen, no hay que interrumpir toda esta desastrosa armonía que me asfixia, que me exprime el alma al son de las notas del piano. 


Sucesos.

Jun 16.

La máscara ha caído. Y no se sí sentir alivio o frustración. No se qué pasará ahora y no sé si estaré mejor o peor. 
La máscara ha caído y he quedado expuesta, me caí de bruces en medio de la tormenta y la he perdido. Ella estaba ahí. Entonces me vio petrificada, sólo me zarandeó preguntando el por qué pero ni me secó, ni me dio refugio. Se quedó ahí bajo su paraguas, ofuscada e indignada por lo estúpido y lo peligroso, por lo injusto que no iba a volver justo, con miedo y con ganas de que yo estuviera seca y de pie, sin que ella hiciera nada. Y sentí tanta lástima por su pobre pena que no me atreví a culparla.          

Nov 1.

Todo a lo que me aferraba se ha desmoronado. Me he quedado sin ningún soporte y me duelen los sueños. 
Me dediqué ciegamente, esta vez, sin romper ninguna regla moral ni social. El suelo ya no está y aún estoy cayendo hacia la nada. No hay esperanza de otro suelo, no hay esperanza de algún nuevo pilar. 
Me vuelvo a poner la mascara, y lloro sin ocultarlo, pero nadie lo nota. Es porque ella también tiene una máscara. Y se ha olvidado de su pequeña niña rota. La ha dejado allí para que se llene de telarañas, y de miedos, Arrojando lejos sus preciados sueños. Me abrazo a mi maldita máscara que en realidad no quiero, me duermo lentamente al encontrar consuelo. 

Algo sobre desamor.

Su futura ausencia me está desgarrando de a poco
El recuerdo de la larga despedida sin sentido es lo único cálido entre tanto frío
Y no puedo dejar de pensar en sus poemas, en sus palabras y en su olor
Hoy lucía radiante y varonil como no debería ser ninguno o como realmente todos deberían verse
Mi corazón llora y permanece desbocado a la imagen de las posibilidades imposibles 
Aveces la olvido -si, a ella- pero cuando la recuerdo el pánico se apodera así que quiero ser una ciega ilusionada simplemente porque la ignorancia es felicidad
Dentro de mí vive la diminuta y desnutrida esperanza de tenerlo y quizás no hoy ni mañana sólo en el futuro
El cual es temible pero incierto y de una forma u otra inexistente. Vivimos del ahora, a menos que estemos huyendo del pasado o aferrándonos a el
Pero yo sólo me aferro a este personaje porque es la razón de mis lágrimas y de mi felicidad 
Jodida inocencia sentimental que me causa y los momentos más divertidos los guardo con delicada complicidad 
Es difícil dejar de verlo tanto tiempo aunque neguemos que así será porque quizás entregue su corazón y entonces tendré que ver la fea verdad no importa cuanto intente cegarme 
Y ninguna zona de amistad me valdrá menos de lo que necesito y volveré a ser sólo sufrimiento
O quizás no. Y vuelvo a ser la ciega ilusa.

El homicidio y sus consecuencias en la política.

Luego de la muerte del presidente el país entró en discordia. Las dos mitades se alzaron para tomar el poder y la carismática primera dama se marchó a Dubai alegando que intentar culparla de la intoxicación de su marido era inútil, llevar en su bolso una factura por la compra ilegal de cianuro era plena casualidad, le prestaron tan poca atención a la causa que quizá pensar que hacerle caso era lo más sensato fue muy tentador, ahorrarse la fatiga de perseguir a la mujer y debatir con los abogados les dejaba más tiempo para cosas más importantes, en fin, muerto ya estaba. 
La oposición al gobierno no iba a dejar pasar una segunda oportunidad de un presidente comunista, penoso y con esperanza de vida de una cucaracha (podrían vivir sin cabeza y sobrevivir a una Apocalipsis) muerto, y camino libre para dejar de estar a la cabeza de los países de mierda. Más que un asesinato para ellos fue una señal divina, lo esencial era no dejar que una cucaracha comunista tomara nuevamente el poder. Por otra parte la guardia y la fuerza armada jugaban tiro al blanco en las calles con los estudiantes universitarios enclenques y con mas adrenalina que neuronas, y el vicepresidente tiraba al aire una moneda intentando decidir si era mejor intentar seguir a la sensual (gracias al dinero del país), pero más que todo millonaria (gracias al dinero del país), asesina a Dubai y rogar no ser su próxima presa o quedarse y con un poco de suerte ser el próximo presidente y hacer un pacto satánico para no terminar muerto como los anteriores. 
Los medios se dispararon, los países más rectos se escandalizaron, en la clase media se escuchó un gran suspiro de "algún día iba a pasar algo así" y los fieles partidarios del gobierno huyeron a sus madrigueras. Mientras tanto la parte del pueblo que apoyaba al presidente y a su antecesor, forcejeaba con cualquier conocido opositor que viviera cerca de sus domicilios, jurando quizá, que si todo iba bien el holocausto que exigirían acabaría con ellos para no tener que encontrárselos en el supermercado.
Todos unos valientes, la mayoría demostraba esta teoría gritándole a su televisor en la "seguridad" de sus casas. Seguridad que acababa fácilmente con una patada en sus frágiles puertas. Eso sí, más seguros que en la calle... multiplicado por 7. Los más valientes a mi parecer eran los que ponían margaritas en las armas de los guardias, andaban por las calles desarmados y al final también fueron juzgados por desalmados. Bueno, los que sobrevivieron. Los que no eran para unos héroes... para otros uno más, uno menos.
El entorno reinaba en discordia, el único tono alentador era el "menos mal que" característica natal adquirida de conformismo excesivo. Pero esta tenía sus límites...
Tres días, cinco días, una semana. La paz parecía algo con lo que sólo habían soñado y ya casi todo el mundo se había quedado sin qué comer. ¿No era hora de que alguien hiciera algo? Seguro seguirían igual de mal luego, abran las tiendas al menos. Pero justo cuando los encuarentenados ciudadanos estuvieron dispuestos a dejar la seguridad de sus casas para morir de un disparo en la cabeza y no de hambre, el Ministro decidió dar la cara. Todo era un plan estratégico nada relacionado con que el día anterior habían intentado quemar su casa. El señor salió a la pantalla dando un bonito sermón de dolor por la muerte de otro gran comandante y salió a darle la mano a los periodistas que más que ofrecerle condolencias por su, tardada, tristeza lo que buscaban era su opinión y solución a otro tipo de actuales preguntas triviales como: qué consideraba él de los saqueos, asesinatos, ataques a jóvenes protestantes y los abundantes incendios a establecimientos del gobierno que comenzó el mismo gobierno para decir que lo habían provocado los estudiantes, y sobre todo la falta de alimento que azotaba cada provincia, además de la gran probabilidad de que por las deudas los invadiera algún imperio extranjero. El Ministro, gordo y mareado se retiró sudando frío y maldiciendo a la primera dama por no avisarle por anticipado que planeaba dejarlos sin presidente. 


Una breve abominación


Es un adolescente de piel amarilla y piernas flacuchas. Su cerebro está lleno de aserrín y su corazón es blando y torpe, como goma de mascar, como plastilina. Es capaz de amar pero la ignorancia llena su chip central. Entre la moda y los estereotipos se refugia en una autosuficiencia envidiable. Eso es lo que aparenta. Un ego detestable, y amargo como jarabe para la tos. Lo vigilo desde hace mucho, he llegado a la conclusión de que no he de acercarme demasiado. Es contagioso o mínimo de alto riesgo para la salud.
Un cielo gris y un huracán en el horizonte. Personas indispensables y otras detestables. No son personas, son alimañas perdidas. Refugiándonos de una gran tormenta todos nos apretujamos sudorosos y un leve olor a monóxido permanece en el aire, quizás son sus engranajes oxidados, sus piezas antiguas de alma joven. Lo veo entre la multitud, no lo busco es sólo por inercia. Pero me perturba. ¿Quien es ese monstruo con máscara de humildad? Es falsa. No la tiene ni un poco.
Si abre la boca me lastima. No vale mirar a otra parte... Dispara en mi dirección. Algo sucede. Las flores marchitas de una vida acabada y fría tocan mi cuello. Ancianos especímenes me ordenan, me apuntan, me atan. Y es fácil caer en mi imaginación como en un agujero negro.
Todo es rojo y tememos ahora al color. Al gris ya no le temo. Al negro sólo cuando es sinónimo de oscuridad. Alimaña adolescente de piel amarilla y flacuchas piernas, si sigue observándome absorberá mis fuerzas, mi esperanza, mi vitalidad. Todo lo que no poseo.
Su cabello y ojos negros, su diminuta cabeza, piel y huesos, sus clavículas me asustan, su espalda me incomoda, su actitud duele.
Quiero hablar sobre el. Y mi boca intenta abrirse y sangra al forzar las costuras. Aún no ha cicatrizado, a este paso no lo hará. Se ve común e inofensivo pero es letal.
Quiero escapar, me estoy debilitando, estoy acabada. Y gris. Y en la oscuridad, y entre los fluidos de la multitud perdiéndome en la sencillez de la destrucción.