Diciembre


Illustration: The Light will guards you Home by Kathrin Honesta



Al rededor del caos y la nostalgia se halla un pequeño bienestar

Se escuchan risas y huele a ganas de llorar

Se recuerda la presencia de quienes faltan por llegar

Quienes quizás ya no vuelvan, quienes dejaron de estar

Con las luces titilantes fingiendo creerse estrellas

Las melodías importantes esta noche ya no suenan

Y los obsequios son mentiras de tono sentimental

La cena llenó al estómago con miedos, estrés y ansiedad

Pero se continúa exhalando y volviendo a respirar

Casi sin sentir se existe y se camina sin mirar

Con los bolsillos vacíos y las cuerdas vocales congeladas

 En casas llenas de luz y calles desoladas

Hay una niña que está triste por la felicidad robada.




Humanidad

Pienso en la esperanza de vida del ser humano común y en lo que eso significa

En la maldicion de la capacidad de pensar sobre lo que pensamos

En la consideración de que somos seres superiores

¿Lo somos?

Con la medicina y nuestras distribuciones del trabajo, con las limitaciones sociales y las jerarquías políticas, con el funcionamiento hormonal, la creatividad y la codicia... con la alabada inteligencia.

Ser capaces de manejar al resto de seres con quienes compartimos el mundo ¿nos ha hecho mejores?

Somos conscientes de que existe la miseria, y aún así se sigue mejorando la vida de un pequeño grupo

Que cada quien se preocupa por su clan, que estamos masacrando la tierra.

En quienes no les importa a cuantos han de lastimar

Y que no sé, si cada vez se deteriora más la humanidad o si podemos considerarlo progreso.

Si creamos esperanza o estamos moldeando monstruos.

Fuente: http://zencelot.deviantart.com/art/Totsukuni-no-Shoujo-604345927

Un viaje.


Ha surgido de entre las ramas del tiempo otro encuentro.
El ritmo del mundo se ha modificado para que sepa que he sido excepcionalmente afortunada durante 2 años. Quizás ya hayan pasado millones de suspiros, miles de mariposas doradas en mi estómago y alguna que otra silenciosa ilusión de un para siempre. Silenciosa para que el codicioso universo no sepa que sin él la vida ya no tendría versos. He amado y he sido amada durante ya tanto tiempo que juraría que la luna me mira con recelo. El tiempo, que aunque parezca mucho a ese ritmo frenético es solo un latido... o dos. Más de sesenta millones de segundos, que quizás ni esperaba ni merecía, es tiempo humano que ha transcurrido desde que una soleada mañana de inicios de diciembre un chico con néctar en los labios y seda en las palmas de sus manos tomó un gran aliento y atrajo con su encanto. Me enraizó en sus palabras y puso a correr a mi oxidado corazón, me tomó entre sus brazos y me acunó en su pecho, me tejió un nido entre sus sentimientos, me enseñó a volar, me mostró sus más grandes anhelos, me dio lápiz y papel para escribir una historia, para proyectar mis más descabellados sueños. 
Aquel ser alto y fuerte que con capa y espada combatió las sombras que me atormentaban, con cabellos negros, sonrisa encantadora y tímida esencia que tomó mis miedos y los lanzó fuera. Que alejó las voces que me atormentaban, que despejó el cielo y me secó las alas. Tomamos vuelo, se me erizó el cuerpo al sentir la suave brisa y al fin sentí calma. Protegida y amada me pregunté por qué elegir algo como yo, por qué elegir trabajar tanto, detuvo el rumbo y me miró extrañado, susurró mil razones acariciando mis manos y esas palabras que nunca comprendí me las guardé muy dentro.
Y continuamos, un millón de minutos volando juntos, memorizando su silueta, impregnándome de su aroma. Y hoy observo al horizonte y sé, que aún hay miles de kilómetros por recorrer.


Silencio

Ayer otra celebración
Hoy otra discusión
Mañana otra rutina
Tengo el corazón magullado
La dignidad herida
Los ojos nublados
En la oscuridad espero respuestas con sentido
Palabras y versos: bonitos, traviesos
Consuelos sinceros cubiertos de cielo
Espero a que vuelva o que esté dormido
Que no esté en la espera vacía de estos restos
Que no esté también, anhelando un suspiro
Suplicando una gota de roce divino
Un reloj que en reversa me regrese al memento
En el que fueron heridos algunos anhelos
Pero todo esto son demasiadas palabras
Para su espeso silencio


Regresa... te quiero.

Fríos de Noviembre.


El cielo nocturno brilla, Zeus me saluda sin malicia, preguntando si no he estado en casa durante demasiado tiempo. Y considero, si acaso alguien puede considerar toda una vida como demasiado tiempo.
Hace frío fuera y calor dentro.
Y miro a la distancia todas las oportunidades frías que necesito tomar, mientras reposo en aquellas falsas comodidades que no puedo aceptar.
Estoy exhausta y a la vez orgullosa de luchar, nerviosa de que todo salga mal y en un raro intento por despreocuparme del futuro por muy cercano que sea. Me siento libre y a la vez con necesidad de quedarme. Estoy en esa delgada línea entre la independencia y la protección paternal. En ese extraño momento en que ambas me fastidian pero en que sé que debo escoger lo mejor. Y que lo mejor es trazarme una idea del camino, hacerme responsable de lo que necesito para estar bien. Porque ya nadie tiene la obligación de protegerme de los monstruos, de levantarme y alimentarme. Mas lo hacen, mas no debo acostumbrarme a ello.
Estoy en algún punto entre muy emocionada y muy aterrada. Todo ha salido bien, mas temo que una nueva rutina sea muy dura, tengo que calmarme, dejar la fobia social que me carcome los huesos y probar esas nuevas alas que se ven muy bien pero al tocarlas se nota que son bastante frágiles.
Hoy me quedo dentro y mañana he de salir, aunque abrigada, he de enfrentar al frío de la realidad con fuerzas renovadas y alas reforzadas.



Corrupción





En un lugar demasiado soleado y caluroso, reina el ser más frío y oscuro.

Es una marioneta grotesca con hilos duros.

Se burla de todos los peones, mata a los otros y sacrifica a los suyos.

Todos muriendo de hambre y odio, con sus ropas mugrientas y sus sueños rotos.

Unos vendados de ojos, otros atados de brazos, los desliza por el tablero sin importarle reparos.

Está cada vez más gordo, pero de sacrificar peones se va quedando solo.

Tiembla, tiembla ¿llegará a darse cuenta que el juego terminará perdiendo? 

Sacca y saca las riquezas, el reino está sufriendo.




Aclaratorias a mi yo


No soy tan mala
Los problemas no son tan grandes
El amor no es tan frágil 
El dolor no es tan necesario
La rutina no es tan pesada
Los días no son tan cortos
La vida no es tan seria
Los chicos no son tan tontos
Ella no es tan poderosa
Los adultos no son tan listos
El reflejo no es tan desagradable 
La libido no es tan peligrosa
El tiempo no es tan poco
El camino no es tan inclinado
El sexo no es tan rígido 
La libertad no está tan lejos
(Sino en cada una de nuestras decisiones)

Encierro.




Una tarde de julio y una prisión de cartón,
con guardias de plastilina y amenazas de jabón.

Un condicionamiento efectivo rociado con miel y temor,
lagrimas con sabor a vino recorriendo el corazón,

Promesas llenas de polvo perdidas en un cajón
y cartas con mil propuestas de escapar directo al sol,

esperanzas marchitas reposando en un rincón
y la celda espera abierta la imposible decisión.

02*07*16

Miedos



Vivo girando en torno al miedo
Me encanta acecharlo y ver como tira a morder
Es necesario decir que se mueve mucho más rápido que yo.
Y me muerde.

Nuevos vecinos

Me llegaron llegaron nuevos vecinos, era época de exámenes en la facultad así que estuve demasiado ocupada durante mes y medio luego fue Navidad y durante esas fechas las personas desaparecieron. 
A mediados de enero, con los nervios de punta por empezar de nuevo mis clases caminaba por mi vecindario de regreso a casa luego de comprar algo para mi madre en la tienda, al pasar justo por la casa de al lado, llegó a mis oídos una voz tan extraña que tuve que girarme enseguida. La voz era masculina, por lo que era grabe, pero era tan melodiosa, al mismo tiempo no tenía ningún matiz de un acento que yo conociese, lo cual fue más intrigante aún porque he escuchado muchas voces antes, era casi como si realmente las voces humanas estuvieran todas dañadas y descubriese que así era como debían sonar. Pero, estuve tan impresionada que, por un segundo, se me sacudieron las ocupaciones y tuve que girarme a esa casa al menos un segundo. Lo que vi dentro fue para mí demasiado. 
Todo estaba a oscuras, y la única luz aparente venía de adentro, esperé poder ver al dueño de esa voz y mi deseo no tardó mucho en cumplirse. Una figura alta y fornida se sentó en el elegante sillón de su sala, esperé a que mi vista se acoplara a la luz y lo que vi me dio un vuelco a la razón: Tenía una cubierta de piel de tigre sin embargo más allá de ser real se veía como terciopelo, otra figura se acercó y noté una voz femenina que carecía de la anterior perfección, más que aguda era cálida pero un rumor de acento japonés rodeó lapronunciación. Hablaban de algo serio en tono calmado y sin una pizca de enojo o preocupación, sin embargo, no entendí absolutamente nada. Cuando la propietaria de la segunda voz se hizo visible se veía absolutamente igual, el mismo tono naranjoso, las mismas rayas oscuras del torso, el mismo terciopelo y la misma vecina boquiabierta junto al cercado. Cuando mi cerebro comenzó a trabajar solo me gritó una cosa: "pueden verte, tarada". Despertó a mis piernas y juntos echamos a correr. 

Me convencí de que los nervios me jugaron una broma ese día, de que en la privacidad de nuestros hogares todos tenemos derecho a ser tan subreales como queramos, de que tengo cosas mas importantes en que pensar, libros que leer, mentes que estudiar. Olvídalo ya, me dije.
Los días pasaron y se convirtieron en meses, todo iba tan bien como podría ir hasta que un día metí la pata. Era de noche, dos pequeños hacían desastres en casa y mi madre, tan cansada de intentar encontrar paz, enfocó todos sus sentidos en la telenovela. Yo tenía mi propio problema, alguien había dañado la jaula de los canarios. La pequeña familia también era todo un desastre y los pequeños polluelos se habían echado toda la caja de semillas encima, literalmente, lo que no consideraron fue una forma de salir de ella. Y allí estaba yo entre quejidos, tropiezos infantiles y unas aves nerviosas. Cuando creí terminar me encontré con que el padre canario había logrado la forma de salirse sin que pudiera notarlo y a poco de tomar vuelo me abalancé sobre el, cabe decir que obviamente el ave ganó, voló por la ventana y se perdió en el cielo nocturno. Cabe decir también, que era el de mi hermano. Hubieron lágrimas, negación, ira y finalmente resignación, Hermano menor y hermana mayor de pie en el patio buscando a un canario en un cielo sin estrellas.
No encontramos al canario.
Encontramos un dragón.
Vale, era un dragón de felpa, pero muy arriba en el cielo a los ojos de un niño de 7 años solo podía ser una cosa. 
-¡Un fantasma! -Gritó el niño.
-No es un fantasma -sentenció la hermana. 
Lo sé, no hay necesidad de decirlo en tercera persona. El objeto cayó, y cayó unos segundos más y observamos, hasta que a nuestros pies llegó el dragón rojo en ese momento nos percatamos de gritos de juegos infantiles, quizás siempre estuvieron ahí pero los de casa fueron suficiente. "Lo lanzaré de vuelta" había dicho mi hermano, pero lo detuve en seco. No era de los hijos de los vecinos de la derecha, el sonido y el juguete venían del otro lado, de los nuevos vecinos. 
La adrenalina le ganó al miedo cuando hubieron dos tocs en mi puerta, prácticamente corrí con el dragón fugitivo en las manos.
Cuando llegué había una puerta abierta, mi abuela con la mano en la perilla, y dos tigres humanos que le doblaban tamaño en el jardín. El más alto medía al menos 2.20 m y a su lado su esposa unos 1.80 m. Salí por la puerta y extendí mi brazo con el dragón fugitivo a la pata terciopelada. 
-Cayó en nuestro patio.
La voz irreal, habló.
-Ya empezaban a armar escándalo por esto. 
Dijo de forma totalmente neutra rascándose la nuca. No dijo gracias.
-Que tengan buenas noches -Dijo la abuela.
-No veo por qué habría de ser así.
No se despidieron.

Al día siguiente algo pasó. 
-¿Más platos para romper? 
Esa voz, era la voz de acento japonés, me quedé frente a la pequeña mujer sin dar crédito. Su piel era más blanca que la mía, era delgada y una trenza castaño oscuro le caía por el hombro. Sostenía una bolsa de papel con platos de cerámica de un estampado coqueto. Más allá de eso solo me preguntaba dos cosas relacionadas con tigre y platos. 
Estaba pasando frente a su casa cuando la encontré. 
-¿Qué?
-Platos, platos.
-Eh... Son muy bonitos. 
Desde la acera miré al jardín deseando que mi abuela, regando sus flores viniera a salvarme del incomodo momento. Pero eso no sucedió.